CAMPOS SANTOS

Umbrales entre la vida y la muerte

Lugares liminales, de transición, de encuentro entre la vida y la muerte, los cementerios provocan sobrecogimiento y temor reverencial. Son el espacio donde reina lo ominoso, lo siniestro, lo espectral. Sin embargo están preñados de belleza; una belleza que, como un ‘memento mori’, nos recuerda de lo efímero de nuestra existencia.
Si los cementerios están llenos de significado, el arte funerario refleja toda una carga de emociones. Las esculturas que pueblan los cementerios son como modelos silenciosos que reflejan una profunda pena. En ellos se proyecta la sensación de desazón, angustia e incertidumbre que acompañan la pérdida de un ser querido, eso que en portugués se conoce como ‘Saudade’.
El escritor rumano Emil Cioran decía que durante muchos años solía ir a los cementerios a encontrar un poco de solaz a las angustias de la vida. Caminar por estos espacios, donde el silencio es rey, le permitía afrontar la profunda realidad de la carencia de sentido de la vida humana.
Cioran tenía razón. Caminar por los cementerios nos permite valorar la existencia. Como solía afirmar, pensar en la muerte es una terapéutica útil. Además de lugares poderosos, los cementerios son reconfortantes, nos recuerdan de la valentía que hay que tener para vivir la vida ante la tajante verdad de su fin.
Esta galería conserva algunos recuerdos de esos devaneos por los cementerios, lugares que si no se evitan, derrochan una belleza difícil de describir con palabras.

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